Estas son de las cosas que salen cuando estás un poco borracha. Errores de ortografía, porque lo único que tenés alalcance de tu mano es tu smartphone medio viejo, con ese teclado de mierda. Cuando estás a ocho mil kilómetros de casa y extrañás a tus amigos, pero no querés volver realmente. Cuando soñaste otra vez sobre tu ex, ese hijo de re mil puta, después de mucho tiempo de ni pensarlo. Ese día en el que ese chabón divino no te contesto más un Snap. ¿Qué onda? El sábado pasado te mandaba selfies con cara de puchero porque tardabas en contestarle, porque estabas muy ocupada poniendote en pedo. Hoy sábado siguiente desapareció, lo viste en el partido pero estaba con su familia y no tiraba, viste evidencia de que estaba en línea pero entró en un silencio de radio. ¿Como llegás a estar tan desesperada?
Y tu amugo termina de Skypear con su novio. Estás en la puerta de su casa, bloggeando para no llorar, y te abre la puerta y pregunta con su acento colombiani
¿Y a usted qué le pasa con ese cigarro y esa cara de tristeza?
Nada. Toma años darse cuenta que alrededor siempre hay mejores oportunidades que las que están lejos, difíciles. Amigos, gracias.
Errores
Dicen por ahí que uno aprende de los errores. Pero no creo que siempre sea así. Depende de varios factores: qué tan catastrófico fue el error, en qué grado lo afectó a uno, qué se perdió por ese error, qué control tenía uno sobre la ejecución de ese error. Ese último es el peor.
Una vez me enamoré. De esos tipos de amor que uno quiere que sean para toda la vida, con o sin altar, enormemente profundos, al punto de la obsesión. Y lo más ridículo de aquella situación, fue el hecho de que me enamoré a primera vista. Tan cursi...
Pero fue realmente así. La vi, la vi durante dos minutos, y ya supe que necesitaba saber todo de ella. Necesitaba volver a encontrarla. Recuerdo que incluso me quedé atónita por unos minutos después de ese primer encuentro.
¿Fue un error haber ido a Merlo esa tardecita en la cuál me la crucé? No. Nadie controla esas cosas. Sean destino o casualidad, por alguna razón pasarán. ¿Fue un error volverme tan obsesiva con ella? Sí. Una tiene que saber controlar su curiosidad e impulsos.
Después de lo mal que terminó esa historia, ese error, cualquiera supondría que ya aprendí. Yo misma lo creía. Pero hoy me di cuenta de que estoy lejos de eso.
Esa vez lo vi. Ya lo había visto antes, pero no quedó con un registro muy sobresaliente en mi mente en aquel entonces, porque él tenía novia, era tabú. Pero la segunda vez, lo vi. Y mierda que se registró.
Siempre que pienso en él, termina de la misma manera. La voz de mi conciencia retándo a mis pensamientos, por gastar tanto tiempo en imaginar situaciones ficticias, pensar en cosas que no van a pasar. ¿Vale la pena desear tanto a algo? No.
No conozco otro tipo de amor que no sea el repentino, intenso en cada sentido, extraordinario. El amor como lo retratan en las películas que ve mi vieja. Pero la gran diferencia es el final feliz, que en una realidad viable, más en esta, no se da.
¿Ser tan espantosamente complicada para los afectos es un error? Sí, y abismal.
Una vez me enamoré. De esos tipos de amor que uno quiere que sean para toda la vida, con o sin altar, enormemente profundos, al punto de la obsesión. Y lo más ridículo de aquella situación, fue el hecho de que me enamoré a primera vista. Tan cursi...
Pero fue realmente así. La vi, la vi durante dos minutos, y ya supe que necesitaba saber todo de ella. Necesitaba volver a encontrarla. Recuerdo que incluso me quedé atónita por unos minutos después de ese primer encuentro.
¿Fue un error haber ido a Merlo esa tardecita en la cuál me la crucé? No. Nadie controla esas cosas. Sean destino o casualidad, por alguna razón pasarán. ¿Fue un error volverme tan obsesiva con ella? Sí. Una tiene que saber controlar su curiosidad e impulsos.
Después de lo mal que terminó esa historia, ese error, cualquiera supondría que ya aprendí. Yo misma lo creía. Pero hoy me di cuenta de que estoy lejos de eso.
Esa vez lo vi. Ya lo había visto antes, pero no quedó con un registro muy sobresaliente en mi mente en aquel entonces, porque él tenía novia, era tabú. Pero la segunda vez, lo vi. Y mierda que se registró.
Siempre que pienso en él, termina de la misma manera. La voz de mi conciencia retándo a mis pensamientos, por gastar tanto tiempo en imaginar situaciones ficticias, pensar en cosas que no van a pasar. ¿Vale la pena desear tanto a algo? No.
No conozco otro tipo de amor que no sea el repentino, intenso en cada sentido, extraordinario. El amor como lo retratan en las películas que ve mi vieja. Pero la gran diferencia es el final feliz, que en una realidad viable, más en esta, no se da.
¿Ser tan espantosamente complicada para los afectos es un error? Sí, y abismal.
proyectando
¡Hace cuánto que no escribo! Supongo que no he tenido la necesitad. Escribir, para mi, es un medio de descarga emocional, de catársis. Y me he estado sintiendo tan bien ultimamente. Tranquila. ¡Tranquila! Quién lo diría.
Este último mes y medio fue un mes de epifanias, y de cambio. Revelaciones que tanto me desconcertaron como me llevaron a tomar decisiones para mi vida. El descubrir qué era lo que me tenía de la orqueta... ¡Se sintió tan bien!
Hoy, como joven, probablemente un poco inconsciente, hago mi vida. Controlo Mi-Propia-Vida. O por lo menos así se siente. Y por más limitados que sean mis intentos, me hago la rebelde.
"¡Pero tenés tanto talento! No lo puedo creer. ¡Para mi eras la mejor! ¡Podrías llegar tan lejos! ¡No podés echar a perder eso! ¡Sos una boluda!"
Seré una boluda. Pero de qué me sirve ser la mejor, si no lo disfruto. Prefiero una vida sin premios, sin menciones, sin grandes pasarelas, sin la aprobación de aquellos que piensan de lo que hago un objeto más a comprar. Prefiero tener una vida tranquila, siendo anónima para hacer de mi culo un florero ante el público. No quiero ser grande afuera, pero sí dentro de mi propia casa. Quiero un perro, un gato, talvez un par de hijos y un pequeño taller. Quiero aunque sea mover un par de piedras para el lugar en el que vivo. Las montañas se las dejo a los que quieran de su vida un reality show.
Este último mes y medio fue un mes de epifanias, y de cambio. Revelaciones que tanto me desconcertaron como me llevaron a tomar decisiones para mi vida. El descubrir qué era lo que me tenía de la orqueta... ¡Se sintió tan bien!
Hoy, como joven, probablemente un poco inconsciente, hago mi vida. Controlo Mi-Propia-Vida. O por lo menos así se siente. Y por más limitados que sean mis intentos, me hago la rebelde.
"¡Pero tenés tanto talento! No lo puedo creer. ¡Para mi eras la mejor! ¡Podrías llegar tan lejos! ¡No podés echar a perder eso! ¡Sos una boluda!"
Seré una boluda. Pero de qué me sirve ser la mejor, si no lo disfruto. Prefiero una vida sin premios, sin menciones, sin grandes pasarelas, sin la aprobación de aquellos que piensan de lo que hago un objeto más a comprar. Prefiero tener una vida tranquila, siendo anónima para hacer de mi culo un florero ante el público. No quiero ser grande afuera, pero sí dentro de mi propia casa. Quiero un perro, un gato, talvez un par de hijos y un pequeño taller. Quiero aunque sea mover un par de piedras para el lugar en el que vivo. Las montañas se las dejo a los que quieran de su vida un reality show.
otra vez te abandoné.
Pero te quiero. Y te voy a hacer público, te lo merecés. Sos lo único que empecé hace más de dos años que todavía me sigue gustando.
No, no tengo más novio. Pero tengo una jugosidad de cosas de las que me quiero quejar elocuentemente. :D
No, no tengo más novio. Pero tengo una jugosidad de cosas de las que me quiero quejar elocuentemente. :D
cambia, todo cambia
Tanto tiempo pasó desde la última vez que escribí en este blog, que estoy seriamente considerando no usarlo más. Este ya no es mi blog, es el blog de esa otra, la joven sin mayores problemas. Lo leo y me invade la nostalgia, de esa que está buena. Qué divino sería tener cosas tan insignificantes por las que preocuparse.
Escribí sobre mis amores, sobre mi familia, mi música, mi vida académica y termine escribiendo sobre quien hoy es mi novio. Hoy escribiría otro pedazo más sobre mi familia, uno muy largo, acídico y desagradable. Escribiría un poco sobre mi vida académica, más que nada sobre lo mucho que amo mi carrera y, irónicamente, lo mucho que me cuesta cumplir con ella de manera apropiada. Escribiría un texto metalingüístico, contando lo mucho que aprendí del hermoso castellano, pero aun así sin poder reflejarlo en el enunciado. Pero, más que nada, escribiría sobre lo mucho que me odio en este momento, las nauseas que siento al pensar en mi guerra interna.
Lo mucho que me odio. Lo mucho que puedo herir a los que me rodean. Lo increíblemente egoísta que resultó ser mi naturaleza. El abismo lejos que estaba lo que yo creía de mi misma, en comparación con lo que hoy veo que soy. El miedo que me estruja la boca del estómago cada vez que tomo en consideración cualquier accionar de redención. El estrecho vertical y profundo que recorre mi autoestima cada vez que recuerdo lo fácil que fue lograr todo esto. Fácil, simplemente fácil. Y vuelven las nauseas.
Soy buena en muchas cosas, y una de ellas es mi infalible capacidad para arruinarme. Todo lo que lucho por construir, batallas que siempre quedan a pasos de la victoria, lo rompo con el más mínimo esfuerzo. Y en esos momentos, siempre escribo.
divina molestia
Hace unas dos semanas que vengo pensando esto, y hace por lo menos una que me repito internamente lo bueno que sería escribir sobre ello. Pero hay algo, algo que me impide hacerlo. Un hecho que hace dos meses habría pensado inpensable. Inimagiable, virtualmente imposible.
Me tiene estúpida.
Y sobre lo que quería escribir, es un tema bastante más simple que todas las explicaciones que mi mente le desarrolla, pero eso, supongo yo, viene en combo con la estupidez.
Hace dos semanas que intento salir a fumar mis últimos cigarrillos, y disfrutarlos ple-na-mente. Ese delicioso sabor que mi paladar distingue al aspirar su humo, no me ha estado llegando como debería.
No me puedo concentrar. Porque cada vez que salgo a fumar un pucho, mi mente vuela hacia terrenos dulces, todavía mayormente inexplorados, y los ansía.
Y cuando le estoy dando las últimas pitadas, siempre, me percato de que no le presto atención a todo el proceso. Y me acuerdo de mi actual estado de estupor, me vuelvo complétamente consciente, ergo, me sonrojo y rio como una tonta.
¡Salí de mi mente, y dejame fumar tranquila!
Y me pregunto, ¡¿Qué opinaría Sofía de tal aberración?!
Terrenos tan dulces... y por más que lo desee, no me empalago. Ni un poco.
Me tiene estúpida.
Y sobre lo que quería escribir, es un tema bastante más simple que todas las explicaciones que mi mente le desarrolla, pero eso, supongo yo, viene en combo con la estupidez.
Hace dos semanas que intento salir a fumar mis últimos cigarrillos, y disfrutarlos ple-na-mente. Ese delicioso sabor que mi paladar distingue al aspirar su humo, no me ha estado llegando como debería.
No me puedo concentrar. Porque cada vez que salgo a fumar un pucho, mi mente vuela hacia terrenos dulces, todavía mayormente inexplorados, y los ansía.
Y cuando le estoy dando las últimas pitadas, siempre, me percato de que no le presto atención a todo el proceso. Y me acuerdo de mi actual estado de estupor, me vuelvo complétamente consciente, ergo, me sonrojo y rio como una tonta.
¡Salí de mi mente, y dejame fumar tranquila!
Y me pregunto, ¡¿Qué opinaría Sofía de tal aberración?!
Terrenos tan dulces... y por más que lo desee, no me empalago. Ni un poco.
No. NO.
Me la mandé. hace unas tres semanas escribí sobre cómo se puede ser tan elocuente en el MSN, pura mentira. Cuando es navidad, y putos los yankees que dicen "at Christmas you tell the Truth", y tomás mucho vino y eggnog, hacés las cosas sin pensarlas antes. Decís las cosas sin premeditarlas.
Le acabo de decir "te quiero". O.5 segundos después ya me quería golpear a mi misma. Y ni siquiera estaba, le estaba respondiendo a lo que me había escrito cuando yo estaba arriba inspeccionando el vestido de novia de mi madrastra, le escribí para que me leyera cuando volviese.
Maldita fascinación por los detalles de alta costura.
Maldita ebriedad y 12.000 kilómetros y maldita ebriedad y la desinhibición que esta impone sobre mi persona.
Catástrofe? Ya se verá.
Le acabo de decir "te quiero". O.5 segundos después ya me quería golpear a mi misma. Y ni siquiera estaba, le estaba respondiendo a lo que me había escrito cuando yo estaba arriba inspeccionando el vestido de novia de mi madrastra, le escribí para que me leyera cuando volviese.
Maldita fascinación por los detalles de alta costura.
Maldita ebriedad y 12.000 kilómetros y maldita ebriedad y la desinhibición que esta impone sobre mi persona.
Catástrofe? Ya se verá.
Cuál es la cocinera, ¿Blanca Curi o Blanca Cota?
Necesito desesperadamente distraerme. Demasiado tiempo despierta, demasiado tiempo sola frente a mi tecladito de mierda sacando una canción en la guitarra que nadie va a escuchar, demasiada vida virtual, demasiado mate. Pensar demasiado.
Si uno no hace algo realmente malo, el karma no se aplica, ¿No?
No sé por qué dicen eso de "meter el dedo en la llaga". En mi caso la presión de un dedo sobre una llaga alivia el dolor.
¿Por qué Sofía tiene que hacer todo en exceso, llevar todo a los extremos?
Si uno no hace algo realmente malo, el karma no se aplica, ¿No?
No sé por qué dicen eso de "meter el dedo en la llaga". En mi caso la presión de un dedo sobre una llaga alivia el dolor.
¿Por qué Sofía tiene que hacer todo en exceso, llevar todo a los extremos?
hoy estoy en conchuda.
Detesto profundamente:
A Speedy.
Hacer bolsos.
Tener que dejar de leer un libro por una repentina migraña.
Que la piel de mis piernas tarden más en broncearse que el resto de mi cuerpo.
El adolescente (léase incontrolable) modus operandi de mis emociones.
Sentirme intimidada en una conversación y, por ende, ser menos elocuente de lo que podría ser en ella.
No poder controlar mi mente cuando se le da por imaginar altamente improbables (pero agradables) situaciones futuras.
Permitir que mi fuerza de voluntad sea corrompida por la gran cantidad de tiempo libre que actualmente tengo.
El prospecto de unas vacaciones en un lugar caro no teniendo plata.
Descubrir que tengo más trastornos obsesivos compulsivos de los que pensaba.
PENSAR DEMASIADO.
A Speedy.
Hacer bolsos.
Tener que dejar de leer un libro por una repentina migraña.
Que la piel de mis piernas tarden más en broncearse que el resto de mi cuerpo.
El adolescente (léase incontrolable) modus operandi de mis emociones.
Sentirme intimidada en una conversación y, por ende, ser menos elocuente de lo que podría ser en ella.
No poder controlar mi mente cuando se le da por imaginar altamente improbables (pero agradables) situaciones futuras.
Permitir que mi fuerza de voluntad sea corrompida por la gran cantidad de tiempo libre que actualmente tengo.
El prospecto de unas vacaciones en un lugar caro no teniendo plata.
Descubrir que tengo más trastornos obsesivos compulsivos de los que pensaba.
PENSAR DEMASIADO.
otra vez, murphy el conchudo menopáusico
Creo que quebré una regla que hasta ahora consideraba, no, que sigo considerando tabú romper.
El gil este que acabo de conocer y fue todo muy lindo y demás etcéteras...
¡¿Tiene o no tiene novia?!
Puta parió.
El gil este que acabo de conocer y fue todo muy lindo y demás etcéteras...
¡¿Tiene o no tiene novia?!
Puta parió.
pero obvio
Y sí, fue solo uno de esos momentos. Esos momentos femeninos, en los que querés llorar hasta deshidratarte y demoler todos los edificios de la cuadra a la vez. Pero está bueno, sí, tener ese tipo de momentos ocasionalmente. Hacen bien al control hormonal de la mujer soltera.
Pero andá a saber cómo termina la noche. Un largo viernes a la noche va a ser, de esos en los que una no tiene ni un peso, ni ganas de moverse. Esas noches que pintan para probar maquillajes, entrar a chats gallegos para comprobar una vez más que no hay un flaco mínimamente decente online, jugar a los Sims o al Age Of Empires II (sí, sigo jugando esa bosta bidimensional), cantar y bailar frente al espejo, ordenar ropa.
Or-de-nar ropa.
¡Pero mirá que estoy de lujo!
Pero andá a saber cómo termina la noche. Un largo viernes a la noche va a ser, de esos en los que una no tiene ni un peso, ni ganas de moverse. Esas noches que pintan para probar maquillajes, entrar a chats gallegos para comprobar una vez más que no hay un flaco mínimamente decente online, jugar a los Sims o al Age Of Empires II (sí, sigo jugando esa bosta bidimensional), cantar y bailar frente al espejo, ordenar ropa.
Or-de-nar ropa.
¡Pero mirá que estoy de lujo!
situación peligrosa
Siento que se avecina. Ya sé reconocer cuando estoy a punto de meter la pata en el barro, tirarme de clavado al abismo del precipicio.
Pero, eso no implica que vaya a evitarlo. Frenarlo.
Los enamorados del amor no aprendemos más. Enamoradiza no soy, todo lo contrario... del total de posibles candidatos y candidatas que voy conociendo, son muy pocos, casi nulos, los que me mueven. Pero cuando encuentro a Wally, voy progresivamente sintiendo el temblor en el suelo de mis emociones cual sismómetro asiático.
Y cual movimiento de placas tectónicas, no ocurre seguido; pero cuando se da, suele terminar de manera catastrófica.
Por lo menos para el balance de mi mente, y para mi auto-estima.
De todas formas, ya lo dije: no voy a frenarlo. Vamos a tener fe.
(Cabe destacar que posiblemente esta sea una reflexión innecesaria e incoherente inducida por largas horas de insomnio, dado que probablemente mañana mismo todo esté calmo e inmóvil)
Pero, eso no implica que vaya a evitarlo. Frenarlo.
Los enamorados del amor no aprendemos más. Enamoradiza no soy, todo lo contrario... del total de posibles candidatos y candidatas que voy conociendo, son muy pocos, casi nulos, los que me mueven. Pero cuando encuentro a Wally, voy progresivamente sintiendo el temblor en el suelo de mis emociones cual sismómetro asiático.
Y cual movimiento de placas tectónicas, no ocurre seguido; pero cuando se da, suele terminar de manera catastrófica.
Por lo menos para el balance de mi mente, y para mi auto-estima.
De todas formas, ya lo dije: no voy a frenarlo. Vamos a tener fe.
(Cabe destacar que posiblemente esta sea una reflexión innecesaria e incoherente inducida por largas horas de insomnio, dado que probablemente mañana mismo todo esté calmo e inmóvil)
writer's block
Sigo atorada. Será que tengo tanto para escribir, que mi teclado me está tirando malas vibras para que no lo torture. "Seguí mirándo videos en Youtube y no me jodas", diría.
Necesito dormir.
Necesito dormir.
Odio...
...tener tantas cosas en mente para escribir, y no poder hacerlo por estar tan cansada y estresada.
Necesito relajarme... pero sola, no puedo.
Necesito relajarme... pero sola, no puedo.
¿ingenuidad o buena onda?
Pocos son los que me ven con una cara triste, solo los más íntimos. Cuando estoy en compañía de gente que no me conoce tan profundamente, ni conoce los mambos que esté teniendo en el momento, suelo tener una sonrisa pintada en mi cara de forma casi permanente. Y no es por elección; no me interesa sonreir falsamente. Simplemente sale. También me cuesta decir que no. Y me ofresco como voluntaria de cosas que no me deberían importar (como trabajos prácticos ajenos) bastante más seguido que la persona promedio.
Así como hay muchos como yo, hay otros que son el total opuesto. Gente que no puede verle lo bueno y simple a la vida. Todos tenemos nuestras vanidades, por supuesto, pero hay quienes se van a los extremos.
Y me critican cuando trato de ayudarlos a ver.
-"Negri, no todos los hombres son así. No generalices. Tranqui, ya te va a tocar"
-"Sofía son todos una basura, para qué carajo existen sino para procrear, ¡Son todos una puta mierda! ¿Para qué mierda querés ponerte de novia? Te van a cagar, ya vas a ver."
-"Boluda por qué le ponés tanto ánimo a los trabajos prácticos de Comunicación Oral y Escrita?"
-"En cierta forma me entretienen. Y no sé, más allá de que pueden ser re pesados, está piola sacarse una buena nota. Y el concurso ese, está genial para el curriculum"
-"¡Estás re en pedo, boluda! Son una re mierda. Aparte, ¿Para qué querés ganar ese concurso? Si después se cagan en lo que está escrito. Es todo una cagada."
¿Para qué carajo le pongo buena onda a la vida? A mi me gustaría creer que vivo más feliz así. Pero charlándolo con una amiga, quejandome de "como la gente se va a los extremos", ella acotó algo interesante.
-"Talvez vos también te vas a un extremo. Es definitivamente más sano ese, pero es un extremo al fin. Sos demasiado optimista, y algún hijo de puta te va a cagar."
Y para eso, no tuve una respuesta.
Así como hay muchos como yo, hay otros que son el total opuesto. Gente que no puede verle lo bueno y simple a la vida. Todos tenemos nuestras vanidades, por supuesto, pero hay quienes se van a los extremos.
Y me critican cuando trato de ayudarlos a ver.
-"Negri, no todos los hombres son así. No generalices. Tranqui, ya te va a tocar"
-"Sofía son todos una basura, para qué carajo existen sino para procrear, ¡Son todos una puta mierda! ¿Para qué mierda querés ponerte de novia? Te van a cagar, ya vas a ver."
-"Boluda por qué le ponés tanto ánimo a los trabajos prácticos de Comunicación Oral y Escrita?"
-"En cierta forma me entretienen. Y no sé, más allá de que pueden ser re pesados, está piola sacarse una buena nota. Y el concurso ese, está genial para el curriculum"
-"¡Estás re en pedo, boluda! Son una re mierda. Aparte, ¿Para qué querés ganar ese concurso? Si después se cagan en lo que está escrito. Es todo una cagada."
¿Para qué carajo le pongo buena onda a la vida? A mi me gustaría creer que vivo más feliz así. Pero charlándolo con una amiga, quejandome de "como la gente se va a los extremos", ella acotó algo interesante.
-"Talvez vos también te vas a un extremo. Es definitivamente más sano ese, pero es un extremo al fin. Sos demasiado optimista, y algún hijo de puta te va a cagar."
Y para eso, no tuve una respuesta.
la edad nos hace mejores
Mentira. Como cada factor que modifica nuestras vidas, es puramente condicional. Hay quienes se vuelven más sabios, absorben aprendizajes que los vuelven mejores personas.
O están los típicos cincuentones de clase media argentinos, que cuanto más grandes, más pelotudos.
Yo no entiendo al argentino. Cómo una persona puede ser tan indiferente a todo lo que pasa a su alrededor, pero aún así, tener una fuerte opinión al respecto, es un cuestionamiento que va más allá de lo que mi imaginación pueda solucionar. Cómo la gente puede ser tan sorda y ciega, es algo que mi mente ya ni quiere responder.
Porque después los que estamos podridos somos nosotros, la juventud. "¡Lo único que hacen los pendejos ahora es drogarse y tomar y rascarse!" Es ahí cuando se aplican las generalidades, las masas enbolsadas con una etiqueta, disponibles para una ocasional queja de la vida, y listo, problema solucionado.
Y así nos hundimos. El argentino es una víctima, víctima de los políticos, víctima de los chorros, víctima de las villas, de las mafias, del socialismo, de los aberrosexuales, de los sistémas educativos. Pero cuando el argentino tiene la oportunidad de hacer algo al respecto, desaparece, no existe.
Es como la gorda que se queja infinitamente sobre su grasa y sus kilos, pero no hace nada al respecto. ¿Sabés qué, piba? Yo también fui gorda. Pero me puse las pilas y bajé de peso. Así que hacé algo o no me rompas las pelotas.
Eso me hubiese gustado decir hoy. Como es usual, mi reunión familiar fue abismal. Ser bisexual y de indefinida política centro-izquierdista en mi familia es cuasi suicida. Y tuve que bancarme dos horas de sobremesa con mis dos tios argentinos despotricando sobre cosas de las que ya no saben. No realmente. Porque uno vive en su campo, tranquilo y cómodo como buen chacarero, y el otro es un inadaptado social y adicto al trabajo, sin hijos ni pareja. Pero lamentablemente, soy yo la que voy a Capital todos los días, soy yo la que escucho a mis amigos y conocidos de todas clases sociales y situaciones, la que vivo en este país. Y lo agradezco. Agradezco no ser como ellos, encerrados en su burbuja, viviendo con la madre y leyendo el diario La Nación como si fuese la biblia. Pero soy yo la que me tengo que callar la boca, y ser una buena nena. No meterme en las conversaciones de adultos. No opinar donde mi opinión es innecesaria e ignorante.
El día que se muera mi abuela, los voy a mandar a todos a freir churros. Les voy a contar de todas las veces que me cojí a una mujer, y de todas las veces que aplaudí a Cristina Fernandez. Y si tienen un modicum de amor hacia mi persona, me aceptarán. Y sino, ellos sufrirán la pérdida. Yo ya los di por perdidos años atrás, cuando descubrí mi sexualidad y noté que eran todos homofóbicos. Peor no me va a hacer.
O están los típicos cincuentones de clase media argentinos, que cuanto más grandes, más pelotudos.
Yo no entiendo al argentino. Cómo una persona puede ser tan indiferente a todo lo que pasa a su alrededor, pero aún así, tener una fuerte opinión al respecto, es un cuestionamiento que va más allá de lo que mi imaginación pueda solucionar. Cómo la gente puede ser tan sorda y ciega, es algo que mi mente ya ni quiere responder.
Porque después los que estamos podridos somos nosotros, la juventud. "¡Lo único que hacen los pendejos ahora es drogarse y tomar y rascarse!" Es ahí cuando se aplican las generalidades, las masas enbolsadas con una etiqueta, disponibles para una ocasional queja de la vida, y listo, problema solucionado.
Y así nos hundimos. El argentino es una víctima, víctima de los políticos, víctima de los chorros, víctima de las villas, de las mafias, del socialismo, de los aberrosexuales, de los sistémas educativos. Pero cuando el argentino tiene la oportunidad de hacer algo al respecto, desaparece, no existe.
Es como la gorda que se queja infinitamente sobre su grasa y sus kilos, pero no hace nada al respecto. ¿Sabés qué, piba? Yo también fui gorda. Pero me puse las pilas y bajé de peso. Así que hacé algo o no me rompas las pelotas.
Eso me hubiese gustado decir hoy. Como es usual, mi reunión familiar fue abismal. Ser bisexual y de indefinida política centro-izquierdista en mi familia es cuasi suicida. Y tuve que bancarme dos horas de sobremesa con mis dos tios argentinos despotricando sobre cosas de las que ya no saben. No realmente. Porque uno vive en su campo, tranquilo y cómodo como buen chacarero, y el otro es un inadaptado social y adicto al trabajo, sin hijos ni pareja. Pero lamentablemente, soy yo la que voy a Capital todos los días, soy yo la que escucho a mis amigos y conocidos de todas clases sociales y situaciones, la que vivo en este país. Y lo agradezco. Agradezco no ser como ellos, encerrados en su burbuja, viviendo con la madre y leyendo el diario La Nación como si fuese la biblia. Pero soy yo la que me tengo que callar la boca, y ser una buena nena. No meterme en las conversaciones de adultos. No opinar donde mi opinión es innecesaria e ignorante.
El día que se muera mi abuela, los voy a mandar a todos a freir churros. Les voy a contar de todas las veces que me cojí a una mujer, y de todas las veces que aplaudí a Cristina Fernandez. Y si tienen un modicum de amor hacia mi persona, me aceptarán. Y sino, ellos sufrirán la pérdida. Yo ya los di por perdidos años atrás, cuando descubrí mi sexualidad y noté que eran todos homofóbicos. Peor no me va a hacer.
frustración
Él me dice "voy a estar en tal, venite después"
Yo le respondo "dale", pintando en mi cara una de esas sonrisas tiernas que me dijo que le gustaban de mi.
Ese fue el momento cumbre de la noche. Empezó todo cuando me enteré que la banda que iba a ver mi amiga era su banda. La llamé de inmediato, para avisarle que iba con ella, y así después jodíamos por ahí. Otras amigas se prendieron también. No llegamos a ver la banda, por un teléfono descompuesto sobre el horario en el que tocaban, pero yo estaba contenta iguál. Me lo iba a cruzar a él.
Nos sentamos. Él estaba de espaldas, pero seguro el amigo le dijo que yo estaba, ya había estado chusmeando. Cuando fui al baño, pasé cerca y cruzamos miradas, y le sonreí. Cuando terminaron de tocar las bandas, su grupito de amigos se levanta para irse. Lo veo pasando cerca mio hacia la salida, con su mirada buscando algo, pero nunca posándome en mi. "No seas cagona, imbécil" me grité hacia mis adentros, y me levanté para saludarlo antes de que salga. Me dice que me había visto, pero pensaba que me había ido. Me invita a ir al lugar donde iban a estar él y sus amigos. La noche promete.
Poco tiempo después llegamos al bar en cuestión, y siento la piedra caer en el estómago cuando veo que hay una cola monumental para entrar. Todos hombres, ya que las mujeres no tenían que hacer cola. Él no estaba, ni adentro, ni afuera. La noche cae.
Mi amiga estaba sentada con unos amigos de ella, nosotras sentadas al costado. De repente la oigo decir "¡Mi amiga tiene porro!" y veo a cinco flacos desagradables dar vuelta la cabeza hacia mi con cara de hambre. La noche es una olímpica mierda.
Fumada, ebria y frustrada, llego a mi casa. Le cuento a mi vieja de mis desventuras, y se rie. Se rie. Vieja de mierda.
Y hoy, último día de mis vacaciones, estoy aquí tirada en mi cama, escuchando lo más oscuro de Pink Floyd, con un teclado inalámbrico, escribiendo sobre el chabón que no volveré a ver por un par de meses, como de costumbre, y que me da vuelta la cabeza desde... febrero de este 2010. Mierda.
Yo le respondo "dale", pintando en mi cara una de esas sonrisas tiernas que me dijo que le gustaban de mi.
Ese fue el momento cumbre de la noche. Empezó todo cuando me enteré que la banda que iba a ver mi amiga era su banda. La llamé de inmediato, para avisarle que iba con ella, y así después jodíamos por ahí. Otras amigas se prendieron también. No llegamos a ver la banda, por un teléfono descompuesto sobre el horario en el que tocaban, pero yo estaba contenta iguál. Me lo iba a cruzar a él.
Nos sentamos. Él estaba de espaldas, pero seguro el amigo le dijo que yo estaba, ya había estado chusmeando. Cuando fui al baño, pasé cerca y cruzamos miradas, y le sonreí. Cuando terminaron de tocar las bandas, su grupito de amigos se levanta para irse. Lo veo pasando cerca mio hacia la salida, con su mirada buscando algo, pero nunca posándome en mi. "No seas cagona, imbécil" me grité hacia mis adentros, y me levanté para saludarlo antes de que salga. Me dice que me había visto, pero pensaba que me había ido. Me invita a ir al lugar donde iban a estar él y sus amigos. La noche promete.
Poco tiempo después llegamos al bar en cuestión, y siento la piedra caer en el estómago cuando veo que hay una cola monumental para entrar. Todos hombres, ya que las mujeres no tenían que hacer cola. Él no estaba, ni adentro, ni afuera. La noche cae.
Mi amiga estaba sentada con unos amigos de ella, nosotras sentadas al costado. De repente la oigo decir "¡Mi amiga tiene porro!" y veo a cinco flacos desagradables dar vuelta la cabeza hacia mi con cara de hambre. La noche es una olímpica mierda.
Fumada, ebria y frustrada, llego a mi casa. Le cuento a mi vieja de mis desventuras, y se rie. Se rie. Vieja de mierda.
Y hoy, último día de mis vacaciones, estoy aquí tirada en mi cama, escuchando lo más oscuro de Pink Floyd, con un teclado inalámbrico, escribiendo sobre el chabón que no volveré a ver por un par de meses, como de costumbre, y que me da vuelta la cabeza desde... febrero de este 2010. Mierda.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)