Hace unas dos semanas que vengo pensando esto, y hace por lo menos una que me repito internamente lo bueno que sería escribir sobre ello. Pero hay algo, algo que me impide hacerlo. Un hecho que hace dos meses habría pensado inpensable. Inimagiable, virtualmente imposible.
Me tiene estúpida.
Y sobre lo que quería escribir, es un tema bastante más simple que todas las explicaciones que mi mente le desarrolla, pero eso, supongo yo, viene en combo con la estupidez.
Hace dos semanas que intento salir a fumar mis últimos cigarrillos, y disfrutarlos ple-na-mente. Ese delicioso sabor que mi paladar distingue al aspirar su humo, no me ha estado llegando como debería.
No me puedo concentrar. Porque cada vez que salgo a fumar un pucho, mi mente vuela hacia terrenos dulces, todavía mayormente inexplorados, y los ansía.
Y cuando le estoy dando las últimas pitadas, siempre, me percato de que no le presto atención a todo el proceso. Y me acuerdo de mi actual estado de estupor, me vuelvo complétamente consciente, ergo, me sonrojo y rio como una tonta.
¡Salí de mi mente, y dejame fumar tranquila!
Y me pregunto, ¡¿Qué opinaría Sofía de tal aberración?!
Terrenos tan dulces... y por más que lo desee, no me empalago. Ni un poco.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario