Dicen por ahí que uno aprende de los errores. Pero no creo que siempre sea así. Depende de varios factores: qué tan catastrófico fue el error, en qué grado lo afectó a uno, qué se perdió por ese error, qué control tenía uno sobre la ejecución de ese error. Ese último es el peor.
Una vez me enamoré. De esos tipos de amor que uno quiere que sean para toda la vida, con o sin altar, enormemente profundos, al punto de la obsesión. Y lo más ridículo de aquella situación, fue el hecho de que me enamoré a primera vista. Tan cursi...
Pero fue realmente así. La vi, la vi durante dos minutos, y ya supe que necesitaba saber todo de ella. Necesitaba volver a encontrarla. Recuerdo que incluso me quedé atónita por unos minutos después de ese primer encuentro.
¿Fue un error haber ido a Merlo esa tardecita en la cuál me la crucé? No. Nadie controla esas cosas. Sean destino o casualidad, por alguna razón pasarán. ¿Fue un error volverme tan obsesiva con ella? Sí. Una tiene que saber controlar su curiosidad e impulsos.
Después de lo mal que terminó esa historia, ese error, cualquiera supondría que ya aprendí. Yo misma lo creía. Pero hoy me di cuenta de que estoy lejos de eso.
Esa vez lo vi. Ya lo había visto antes, pero no quedó con un registro muy sobresaliente en mi mente en aquel entonces, porque él tenía novia, era tabú. Pero la segunda vez, lo vi. Y mierda que se registró.
Siempre que pienso en él, termina de la misma manera. La voz de mi conciencia retándo a mis pensamientos, por gastar tanto tiempo en imaginar situaciones ficticias, pensar en cosas que no van a pasar. ¿Vale la pena desear tanto a algo? No.
No conozco otro tipo de amor que no sea el repentino, intenso en cada sentido, extraordinario. El amor como lo retratan en las películas que ve mi vieja. Pero la gran diferencia es el final feliz, que en una realidad viable, más en esta, no se da.
¿Ser tan espantosamente complicada para los afectos es un error? Sí, y abismal.
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