Es la primera vez que escribo escuchando música. Soy de esas personas que, escuchando lo que sea, no pueden concentrarse. O de esas que bailan y cantan en el bondi, como si estuviesen en el recital mismo de la banda que suena por los auriculares.
Toda persona que tiene un oído medianamente decente para la música, tiene una banda, una canción, un repertorio adecuado para cada momento y situación cotidiana. Es curioso ver cómo cambia el playlist según el ánimo.
Cuando estaba deprimida por mi ex, escuchaba Deftones. No sé cómo hice para no matarme. Cuando Don Insomnio se presenta, pongo jazz, o música clásica, o soundtracks de películas como Orgullo y Prejuicio. Cuando tengo ganas de bailar sola en mi casa, pongo esos pops de ahora, como Lady GaGa, o Rihanna. Cuando necesito desenchufar mi mente, pongo psicodélicos o pregresivos, tal como The Mars Volta, Pink Floyd o MGMT. Cuando mis hormonas están de buenos ánimos, pongo The Beatles o Carly Simon, o Simon and Garfunkel.
Pero hoy, hoy me siento satisfecha. Esos días que una se siente imbatible, elocuente, canchera, sexy. Y ahora, suena AC/DC.
Esperemos que dure.
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