Llega un punto en que toda mujer soltera se cansa de dar lástima. Se da cuenta de que no le hace bien a ella ni le hace quedar bien ante posibles candidados tener actitudes tan patéticas, que podrían ser lo mismo que llevar un pasacalles en el escote con la palabra 'desesperada', en mayúsculas, color fluor y brillantina.
¿Y cómo cambia?
Deja de buscar un novio. Se tranquiliza, se pone en sintonía con su ser, con su cuerpo. Se propone sacar mejores notas en la facultad. Se mira en el espejo y le gusta lo que ve.
¿Y cómo procede?
Hace ejercicio. Busca un empleo. Mueve un poco, solo un poco, las caderas al caminar. Ignora a cada imbécil con manos peludas que le insinue algo. Ella es todo lo que importa, y lleva su vida contenta por esto, esquivando los ocasionales obstáculos ágilmente, como Spiderman entre sus edificios.
Sintiendo que algo falta, revisa la agenda del celular a ver qué contacto estaría disponible para aliviar su creciente libido. Cree encontrar lo que busca, uno de los contactos había dado una performance más que aceptable en el anterior encuentro, y sus aparentes estado civil e intenciones daban con el perfil.
Emisor: "Yo quiero ir a ver otra película a tu departamento"
Claro y directo como decir "che pibe, tengo ganas de cojer".
Receptor: "Pero tenés que conseguir risas"
Para quién no comprenda los lunfardos del joven consumidor, "risas" se refiere a la marihuana. Tendrían que haber visto mi expresión cuando leí ese mensaje de texto. Yo no soy ajena al consumo de marihuana, pero tampoco es una actividad que haga con frecuencia. Pero no fue eso lo que me dejó descostillada de la risa en el piso del departamento de la vecina de mi compañera de la facultad, con ellas dos y sus tres amigos gays mirandome como si hubiese hecho aparecer un cordero rosa del aire mismo.
Mi instantánea interpretación fue "si querés tener sexo conmigo, tenés que pagar". Muchas mujeres ni habrían contestado a un mensaje como este, sintiendo su orgullo y dignidad heridos. Pero a mi no me molestó. Él puso el precio, él se autoproclamó puta. Y no me resulta caro, ya que yo también lo disfrutaría. Como ya dije, el pobre flaco garcha bien.
Pero qué putita, él. Igual nunca fui.
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